El debutante

-Subite las medias pibe, que ahora te toca – grito Roberto.

Era el mismo chiste que el grandote les hacía a todos los debutantes. Roberto, el gigante, cumplía la función de seguridad,  asistente de escenario, chofer y dealer del coqueto establecimiento nocturno, destinado en su mayoría a turistas que llegaban a la gran ciudad.

Al escuchar esta frase Martín quedo helado. De pronto se trasladó en tiempo y espacio y se vio a sus tempranos 14 años escuchando la misma frase de su entrenador.

-Subite las medias pibe, que ahora te toca.

Era su debut en el club de fútbol de sus amores,  el club del barrio donde viva, donde todos sus amigos jugaban. El club en donde su abuelo Mario jugaba a las bochas  y donde éste,  le conto infinidad de veces que su papá, el papá de Martín,  jugó en primera con esta camiseta.  Era el momento de honrar esas fotos en blanco y negro, en donde con un bigote acorde a la época, papá, de quien ya no tenía recuerdos vestía la gloriosa camiseta azul y roja.

Debutó en la sub 15 del Club Santa Rosa y pese a los nervios y a todavía no haber dado el estirón típico de su edad, no lo hizo para nada mal. Se quedó sin aire en el primer pique largo, pero pronto se recuperó e hizo un correcto partido.

En la pequeña tribuna de madera la abuela Ana y el abuelo Mario, aplaudían y no podían parar de sonreír por el tan ansiado y ahora realizado debut de su único nieto. El festejo de tan esperado acontecimiento continúo en la heladería del barrio, en donde Martín, pidió la copa “Safari” la más grande y colorida del menú.

Cuando Martín volvió en sí y con una lagrima de felicidad en la mejilla, se subio bien alto las medias, se calzo los tacos altos de plataforma, se acomodó la peluca roja color fuego  y subió a la pasarela dispuesto a comerse al mundo.

Entre el público del elegante salón, aplaudía orgullosa su abuela Ana. Martín en el escenario, ahora era Scarlet y al cruzar una mirada cómplice con ella, entendió que el abuelo Mario, desde el más allá, se rompía las manos aplaudiendo un nuevo y diferente debut.  Y si el show no hubiese terminado tan tarde, Scarlet y la abuela Ana hubiesen cerrado la noche en la vieja heladería del barrio.

Autor: Gabriel Kavlin

 

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