Morena Beltrán, la estudiosa de la táctica: “Soy una Nerd del fútbol”

Morena Beltrán, la estudiosa de la táctica: “Soy una Nerd del fútbol”

Twitter fue su vidriera profesional. Tiene 22 años y hoy hipnotiza con sus análisis en ESPN. ¿Quién es esa chica?

“¿Alguien escribe por vos los análisis que subís a Twitter?”.

 

Esa fue la primera pregunta que le hicieron cuando la contactaron de ESPN.

Morena se rio. La imaginación detrás del prejuicio. No había un Ghostwriter (ni un Community Manager fantasma). Todo era fruto del estudio obsesivo. De libretas dibujadas como pizarras y búsqueda de esos partidos que se jugaron antes de que sus padres se conocieran.

Hubo cientos de noches en su adolescencia en que prefirió aplazar salidas para quedarse en su casa de Haedo a ver fútbol. Llegó a ver ocho partidos en 24 horas. 

Cuando nació, en 1999, el Telebeam ya empezaba a ser viejo y Diego Maradona llevaba casi dos años como ex jugador. Creció sin Fútbol de Primera como suero de los domingos, no conoció el “fútbol analógico” y sin embargo lo estudia. Morena Beltrán resume así su irrupción mediática: “Soy una Nerd”.

“Miss Táctica” conduce el noticiero de ESPN hasta la madrugada, duerme de 3 a 10 y desayuna con conteos de tiros al arco y tomografías computadas “al 4 de Libertad de Paraguay”. Admira los manuales de Pep Guardiola y de Marcelo Bielsa y “los ojos nuevos” de Hernán Crespo, Fernando Gago y Gabriel Heinze”. Lee cuanto puede y relee su clásico preferido, Fútbol a todo tiempo, de Carlos Peucelle. En ese texto sobre “La Máquina de River” de los años ’40 se habla de eso con lo que Morena trabaja como materia prima: conceptos.

 



 

Tiene 22 años y nació “mediáticamente” gracias a Twitter. Estudiaba periodismo deportivo en DeporTEA, subía sus apreciaciones futbolísticas a la red cuando alguien entendió que necesitaba saltar a la TV. Hoy es Trending Topic al menos una vez por semana luego de que en el programa Fútbol 90 pide detener la jugada para exponer falencias del Boca de Miguel Ángel Russo o las fortalezas del River de Marcelo Gallardo.

 

 

En promedio, ve tres partidos completos por día. Antes de su entrenamiento corta las jugadas que le interesan y envía a un editor de ESPN los tiempos seleccionados del partido para el momento de su análisis en vivo en el estudio. Cuenta que sigue con lupa el desempeño de varios mediocampistas: de afuera, Kevin De Bruyne (de Manchester City); de la Argentina, Jorge “Corcho” Rodríguez (Estudiantes), Rodrigo Aliendro (Colón) y Federico Mancuello (Vélez).

Morena irrumpió en el ambiente periodístico deportivo medio siglo después que Eglis Giovanelli, la considerada “primera periodista deportiva de la Argentina” (luego dirigente). Mucho cambió desde entonces, y sin embargo algunas estructuras mentales se mantienen. Basta pensar lo que escribió en sus redes hace unas horas para definir a “los primates” que descargan su misoginia. “Neandertales”.

“Está bien que en su momento haya sido un golpe de efecto, pero lo bueno sería que ya se asuma. Que naturalicemos a las mujeres en el fútbol”, propone la chica que escucha a Joaquín Sabina, colecciona casi 900 mil seguidores de Instagram y admite “una disciplina de trabajo muy mecanizada”.

Con la popularidad, llegaron los clubes de fans y los detractores en igual medida. Aparecieron cuentas como “traduciendo a Morena”, pero ella trabaja la paciencia tibetana, cuenta hasta tres y sigue. El anónimo detrás del teclado argumenta: “Es muy buena en lo que hace. Esto es humor nada más. No quiero incitar el odio. Ella tiene una visión de alguien que se preparó, y yo soy un flaco que toma Fernet y ve partidos”.

 



 

“Desde chiquita mi voz estaba entre la del Coco Basile y Mostaza Merlo”, se tienta cuando habla de ese registro grave que marca su impronta. “También pasa que cuando estoy al palo engroso la voz porque me meto en el personaje y uso esa herramienta para que me escuchen”.

-¿En qué momento empezó a interesarte el fútbol?

-En la adolescencia. Mi papá, hincha de Independiente, mis hermanos de Boca. Me harta no poder trabajar tranquila cuando especulan con el equipo con el que podría simpatizar. Yo seguí obsesivamente la campaña de Argentinos Juniors por Román, en 2014. Creo que ahí fue cuando empecé a prestarle atención al juego estrictamente. Ahora tengo ganas de hacer el curso de entrenadora.

-¿Para sumar conocimientos o para cambiar de rubro?

-Por mi personalidad, me gusta la planificación y el estudio al extremo. Creo que en el fútbol femenino hay mucho por mejorar. ¿Por qué no? A futuro, por ahí ayudar al crecimiento… Mi voz es la de muchas que no pueden expresarse públicamente y me gustaría, más adelante, poder colaborar.

-¿Sos perfeccionista o sos obsesiva?

-Obsesiva. Todavía me miro de nuevo, me critico por lo que dije. Aunque ahora estoy más calmada, porque mi obsesión no era saludable.

-¿Cómo te sentís con esa mirada que parece juzgarte más que al resto de tus compañeros?

-Juro que con mis compañeros no lo siento. Me respetan. No me pasó como a Anto Valderrey, que tuvo que salir a contestar a un colega (“las profesiones no tienen género”, dijo tiempo atrás la periodista ante un comentario sobre las mujeres en el fútbol). Hay cosas que nunca voy a pretender. No puedo estar a la par de Leo Astrada o Juan Simón, que se dedicaron toda la vida a jugar. Soy una piba que tocó su primera pelota a los 16, todo lo que pude aprender fue con el estudio. No compito con nadie, quiero ser una versión mejor.

-Te definís feminista…

-Recontra. Creo que todos los que luchamos por la igualdad de condiciones lo somos. Porque el feminismo es un movimiento que viene a cuestionarlo todo. No hay un medidor de feminismo. Están quienes protagonizan y quienes acompañan. No es feminista solo la que o el que aparece en una marcha. Lo es cualquiera que desde su lugar plantee la deconstrucción que destrone conceptos retrógrados.

 



 

De Haedo a Saavedra

Nació un 29 de enero -“como Romario”, cuela el dato -. No llegó a vivir episodios folclóricos del fútbol argentino del estilo “señorita, es Gatorei” (Carlos Bilardo simulando tomar champagne), o “lo espero en Segurola y Habana” (Diego a Huevo Toresani), pero YouTube le permitió ponerse al día.

A los nueve años dejó Parque Leloir para vivir en Haedo. Desde el jardín maternal hasta la secundaria cursó en el Instituto Brown de Haedo. Tercera de cuatro hermanos, hija de profesores de educación física, no solo absorbió de esa familia el placer por el deporte, sino “la cultura del trabajo”: “Papá laburaba desde los ocho años, así que a los 12, no por necesidad, pero sí por tradición familiar, tuve mi primer empleo”, cuenta.

A esa edad la foguearon como “ayudante de una colonia”. El natatorio era propiedad de sus papás, por lo que ellos depositaban la confianza en tareas como organizar las meriendas infantiles o tomar lista. El resto de su día Morena lo repartía entre la doble escolaridad y las actividades del club Ateneo Sagrada Familia. Natación, hockey, vóley, acrobacia aérea.

El fútbol 5 llegó a su vida hace apenas unos años. Descubrió que aunque escribe con la zurda, patea con la derecha y que puede cubrir “con felicidad” cualquier puesto de la cancha.

 



 

“Nunca me llevé materias. Fui escolta en la bandera. Me gustaba mucho la matemática, además de literatura e inglés. Los cursos eran muy competitivos, muchos queríamos estar en el cuadro de honor y de ahí vengo”, explica. Las primeras grandes charlas futboleras las mantuvo en el patio del recreo con sus compañeros. “No era raro para ellos. La mayoría de los pibes crece sin el preconcepto de ‘no te integro por ser mujer’. El daño te lo inculca el adulto”.

Con la mayoría de edad y un trabajo como administrativa, empezó a estudiar periodismo y a escribir para la página Abriendo cancha. Después, en velocidad, un debut en radio en una emisora de San Antonio de Padua y la antesala a la fama: sus análisis en profundidad en el medio digital Sector bostero.

El trajín laboral de la TV cambió su rutina. Dejó la carrera en 2019 y la terminó en 2020. También emigró del oeste bonaerense para estar más cerca de los estudios de ESPN en Martínez. Estrenó independencia con un departamento en Saavedra. En sus raquíticos tiempos muertos se presta al mundo del canje en redes. “Económicamente puede sumar para que ayude a mi familia”, confiesa.

Marcas de ropa deportiva, de autos, de cerveza, de alcohol en gel, de desinflamantes musculares, de helado buscan a Morena para promocionarlos en ese poderoso bazar visual de la nube. Ella aprovecha el momento, pero ni sueña con un rumbo como modelo. “Lo hago feliz, pero no es mi vocación la foto con un producto. El día que me canse, no lo hago más”.

No hay fútbol en la piel. Los seis tatuajes cuyas agujas traspasaron la epidermis hacen referencia a otras cuestiones. Sus abuelas como recuerdo en los pies (Josefa y Martha), una mariposa en el cuello, un “vamos viendo” en la espalda, un “Why Not” en la mano, un “simbiosis” -hecho junto a su mejor amiga, en la cadera-. ¿El futuro? “Estudiar Filosofía podría ser una opción”.

 



 

Escribiendo la era post Macaya 

​El 25 de marzo de 2019, desde las redes de SportsCenter (ESPN) le dieron la bienvenida a Morena, luego de una charla con un productor y varias pruebas de cámara. Horas después ya analizaba el 6 a 1 de España ante el seleccionado de Jorge Sampaoli. Desmenuzó la línea de cinco y más de uno terminó sorprendido. Los nervios estaban camuflados, pero la procesión iba por dentro. “Un día antes, por el estrés, me había salido un herpes. En cámara parecía que tenía bótox”.

Con las horas de vuelo entendió que el juego de la cámara implicaba más que la teoría y se soltó. La vimos acoplarse en vivo a la mejor freestyler del país (Bárbara Roskin), quitarse los tacos de diez centímetros ante la mirada de Sebastián Vignolo, Roberto Leto y compañía, y desafiar a un fútbol tenis a Marcelo Benedetto.

​¿Qué dicen de ella sus compañeros de pantalla?: “Es la mejor. Es espectacular”, lanza Juan Simón ante la pregunta de Clarín. El ex defensor se retiró en 1994, cinco años antes del nacimiento de Beltrán, pero la distancia etaria parece inexistente a la hora de los debates. “Te puede mandar una jugada para analizarla o discutirla. Te pregunta: ‘¿Dónde ves el error?’. Puede tener un partido en el televisor y otro en la computadora. Está todo el tiempo mirando fútbol, quiere aprender más. Sabe y transmite. Además: la quiere todo el mundo en el canal”.

​¿Cómo se siente ella, tan observada por la media decena de varones del programa F90? “Segura”. La explicación a su firmeza se sostiene con “la no improvisación”. Antes de cada envío ya explotó el recurso del replay, ya usó quince veces el slow motion y anotó en su cuadernito un punteo a exponer. “Lucas Torreira tiene un centro de gravedad bajo”. “Joshua Kimmich: sus cambios de frente y sus pases pinchados a la frontal del área le dieron mucho al Bayern”. “Defender adelantado contra un equipo que tiene delanteros expertos en tirar desmarques sin apretar a los pasadores es una invitación a la goleada”.

 

 

​Algo -dice- no se perdonará “jamás”: “No haber visto a Maradona en persona”. Lo conoció como ex futbolista y en medio del huracán laboral de los últimos dos años, no apareció la oportunidad de tenerlo a metros, sentado en su sillón de DT Colonial King de cuerina blanca y azul.

Con El Diez lloró “en diferido”. Devoró los videos de los Mundiales 1986, 1990, 1994 y “estudió” la etapa de entrenador del seleccionado en Sudáfrica 2010, pero la muerte se adelantó a los planes. “Es deprimente pensar que no pude estar cerca el último tiempo. Debería haber ido a un partido de Gimnasia”, se castiga.

La pregunta “¿tenés novio?” es tal vez la más hartante que le llega como mensaje privado, incluso de muchos deportistas consagrados (y hasta entrenadores). Morena cuenta que vivió un noviazgo de dos años y medio que tuvo su desenlace imaginado dos meses antes de ingresar a ESPN. “Él jugaba al fútbol, hizo inferiores en Excursionistas, pero no le gustaba tanto mirar partidos. Cuando nos juntábamos con amigos yo le pedía ir después del partido. No se puede ver un partido con tus amigos, y yo necesito concentrarme”.

¿El próximo gran salto? “Sueño con un programa propio enfocado en la táctica, encarado estrictamente desde el juego. Entiendo que contar el fútbol desde ahí no es el único modo, pero es lo que a mí me sale”, explica antes de correr al canal. “Si pudiera vería la liga de Malasia, pero no me da la vida. Me siento culpable de ver tanto fútbol que a veces le quito tiempo a mi familia. Crecí de golpe. Entiendo que todavía soy pendeja”.

Durante la cuarentena Beltrán decidió capitalizar más que nunca el limbo. Vio con lapicera en mano al Independiente de César Luis Menotti, al Huracán de Ángel Cappa, al Newell’s del “Tata” Martino, al Vélez del “Tigre” Gareca. El archivo es casi una manía que la hermana a la distancia con Carlos Bilardo, el mismo que en su “laboratorio” atesora 8.500 VHS. “Podría tener grandes conversaciones con él”, se ríe, pero retrocede en la idea. “Aunque tal vez no. No sé qué tan bien hubiera sido recibida yo en el fútbol de aquella época”.

 

Fuente: Clarín.com 

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